Extracto
de Artículos de diferentes diarios del mundo. Relativos a las declaraciones del
abad Guillermo Schulenburg, sobre la supuesta inexistencia de Juan Diego, y de
la virgen de Guadalupe.
Excelsior
LEYENDO la entrevista hecha al abad de la Basílica
de Guadalupe, Guillermo Schulenburg, en la que se abordan los temas de la
existencia de Juan Diego y de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el
cerro del Tepeyac, quedan en claro algunas interpretaciones que se han hecho
sobre el particular. Juan Diego no existió, es un símbolo, dice el prelado. ¿Cómo
es posible —pregunta el entrevistador— que un símbolo haya sido
beatificado?
El abad explica que esa beatificación no es
el reconocimiento de la existencia física del indio en cuestión, sino un
reconocimiento al culto. "No es, propiamente hablando, una beatificación",
precisa Schulenburg. Buena aclaración, pues mucha gente creyó o cree que,
después de la beatificación viene el canonizar y, posteriormente, la elevación
a los altares. ¿Puede convertirse en santo un símbolo? Sin duda, no.
Sobre la Virgen de Guadalupe, el abad explica
que se trata de un sincretismo. En el cerro ahora llamado del Tepeyac los
aztecas adoraban a una diosa llamada Tonantzin, que quiere decir nuestra
madrecita. "Por ese precioso sincretismo religioso, fue sustituida,
superada y cambiada por la verdadera devoción, a la verdadera madre de Dios: a
la Diosinantzin y ya no la Tonantzin". ¿Hubo un milagro? "En
cualquier hipótesis la Virgen María es un milagro permanente", dice el
entrevistado. De la aparición, el Vaticano acaba de decir que no es un dogma,
que el católico que no crea en ella no por eso deja de ser católico. Es decir,
se trata de un acto de fe y eso es lo que mantiene viva la adoración a la
Virgen Morena.
Tres sacerdotes, avalan la postura de
Guillermo de Shulemburg:
·
Carlos Warholtz, archipreste de la
basílica de Guadalupe.
·
Esteban Matínez, exdirector de la
biblioteca Guadalupana.
·
Manuel Olimón Nolasco, doctorado
en historia por la Universidad Iberoamericana. Profesor de la Universidad
Pontificia, y presidente de la
comisión de arte sacro del Episcopado Mexicano. Fuente: Ximena Peredo.
Por RODRIGO
VERA / APRO
EL NORTE / México-- 19 Mayo 2,002

MEXICO.- La imagen de la Virgen de Guadalupe, pintada en el Siglo 16
sobre una tela de lino y cáñamo (no de algodón, como afirmó Schulenburg en
sus cartas al Vaticano), está realizada con colores elaborados a base de
"cochinilla", de sulfato de calcio -conocido entonces como tizatl- y
de un tono negro extraído del "hollín del humo del ocote". Todos
ellos pigmentos utilizados por los pintores de la época.
Tales son algunos de los resultados del estudio que, en 1982, hizo a la imagen
guadalupana José Sol Rosales, experto en conservación y restauración de obras
de arte.
Sol Rosales, quien fue director del Centro Nacional de Registro y Conservación
para Obra Mueble del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), hizo el estudio
a petición de Guillermo Schulenburg, entonces abad de la Basílica de
Guadalupe.
El análisis -ahora en poder de este semanario- fue enviado confidencialmente al
Vaticano por el abad como un "signo de honestidad y de amor a la
verdad", y también para demostrar que la imagen guadalupana "no es de
origen sobrenatural", sino "una obra pictórica humana".
Para empezar, Sol Rosales descubrió que el famoso ayate de la Virgen -de 1.72
metros de altura por 1.09 de ancho- no está hecho de henequén, como sostiene
la leyenda, sino de lino y cáñamo:
"El examen microscópico (20-80X), su aspecto y su comportamiento me
inclinan a pensar que se trata de lino con alguna mezcla de cáñamo. Estoy prácticamente
seguro de que no se trata de fibras duras de tipo ixtle o henequén, como se
asegura tradicionalmente, ni tampoco creo que es algodón... este tipo de lienzo
puede considerarse normal en una pintura del Siglo 16 y aún en pinturas
posteriores."
Antes de que el artista pintara la imagen -refiere el perito-, cubrió la tela
con unos brochazos de tinta blanca.
Después, el pintor se dio a la tarea de delinear a la Guadalupana, que el
estudio de Sol Rosales describe así:
"Imagen de una mujer en actitud de meditación, la cabeza de tres cuartos
ligeramente inclinada a la izquierda, vestida con una especie de hábito color
carmín y manto azul decorado con estrellas. Está parada sobre una luna y a su
vez sostenida por un ángel. El estilo es bizantinizante con pocos volúmenes y
decoraciones planas de oro".
Y explica que es una pintura al temple:
"La pintura es la ejecutada usando diversas variantes de la técnica
modernamente conocida como temple; una de ellas, la usada en manto y ropaje, fue
empleada en el Siglo 16 con el nombre de aguazo; deriva de las técnicas en la
pintura de las llamadas sargas y presupone el realizar la pintura sobre el
lienzo humedecido ligeramente para facilitar la fijación del color".
Así mismo, el fondo y el resplandor de la imagen fueron ejecutados "al
temple de cola", sobre una preparación "también de cola y carbonato
de cal".
Las manos y el rostro de la Virgen "presumiblemente están ejecutados con
un temple de resina o de aceites trabajados con capas de color muy delgadas que
permiten que la luz que la ilumina se refleje en el fondo de color blanco, dando
esa especial luminosidad".
Sol Rosales determinó que "los elementos dorados" se aplicaron al
final, cuando la pintura estaba "ya casi terminada".
Los colores utilizados para la imagen fueron negro, blanco, azul, verde,
tierras, rojos y oro.
"El negro seguramente es un negro de humo usado tradicionalmente en todas
las épocas; se conseguía en el México del Siglo 16 recolectando el hollín
del humo del ocote.
"El blanco es con toda seguridad sulfato de calcio que se conocía como
tizatl, muy parecido al blanco de España usado en Europa.
"Los pigmentos azul y verde son, con mucha probabilidad, óxidos básicos
de cobre, conocidos como azurita en su variedad azul, o malaquita en su variedad
verde.
"Las tierras son óxidos de hierro que dan una verdadera variedad de tonos
pardos más o menos rojizos, según el contenido de hierro y si han sido
calcinados o no. Estos eran usados profusamente en la pintura prehispánica y se
encontraban fácilmente en México.
"Como pigmentos rojos, además del óxido de hierro rojo, se usaba el
bermellón, compuesto de azufre y mercurio, y el carmín de la cochinilla
mexicana. Me inclino a pensar que tenemos mezclas de estos tres colores en el
manto carmín y en el aura bermellón".
No
sólo una ola de rechazo popular -que se extendió incluso hasta los inmigrantes
latinoamericanos en los Estados Unidos-, sino la enérgica respuesta de los
obispos mexicanos suscitaron las sorprendentes declaraciones de Monseñor
Guillermo Schulenburg, Abad de la Basílica de Guadalupe, negando la existencia
del indio Juan Diego, a quien en el siglo XVI se le apareciera la Virgen de
Guadalupe y que recientemente fuera beatificado por el Papa Juan Pablo II.
La controversia. La situación se inició hace unas semanas cuando una
revista religiosa italiana recogió las extrañas declaraciones del abad
Schulenburg, formuladas en diciembre del año pasado a otra publicación
italiana: Ixtus, en la que éste, pese a su condición de Guardián de la
Basílica, negó las apariciones de la Virgen al calificar a Juan Diego como
"un símbolo, no una realidad".
Explosión. Las declaraciones del abad cayeron como una bomba en un país
donde la Virgen de Guadalupe forma parte de la misma identidad nacional. Apenas
la prensa recogió las declaraciones, las reacciones populares de indignación y
rechazo se multiplicaron en todo el país. Incluso el New York Times dio
cuenta de "la profunda frustración y enojo" que las declaraciones
produjeron en la región de California, Texas y Nuevo México, donde se
concentra una importante población de origen mexicano y latinoamericano.
Graves consideraciones. En la entrevista concedida a Ixtus,
Schulenburg incluso afirmaba que el hecho de que el Papa canonizara a Juan Diego
-quien fuera beatificado por el Papa en 1990- implicaría que "los teólogos
tendrían que estudiar si el Papa se puede o no equivocar".
Respuesta. Expresando el sentido histórico y recogiendo inmediatamente
el sentir popular, la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) publicó un
breve documento en el que pidió a los mexicanos impedir que "las mentiras
y las dudas dividan o debiliten la fe católica". En el texto, los obispos
ratificaron la autenticidad de las apariciones y la importancia de la Virgen de
Guadalupe como signo de fe y de unidad del país.
Datos verídicos. "Las noticias que se tienen sobre el beato nos han
llegado por documentos históricos dignos de fe", señalan tajantemente los
obispos. "En esos documentos", añaden, "se encomian las virtudes
de Juan Diego, su fe sencilla, nutrida en la catequesis y acogedora de los
misterios de Dios; su esperanza y su confianza en la Virgen María, su caridad,
su coherencia moral, su desprendimiento y su pobreza evangélica". El
pronunciamiento episcopal señala además que el beato Juan Diego llevó vida de
ermitaño junto al cerro del Tepeyac y fue ejemplo de humildad hasta que murió
en 1548, a la edad de 74 años.
La Guadalupana. Los obispos no dejaron pasar la ocasión para
evangelizar. Así, realizaron un llamado a los fieles a renovar su confianza en
la Virgen de Guadalupe, especialmente frente a la crítica situación que
atraviesa el país. "Los obispos queremos invitar a los mexicanos a mirar a
Santa María de Guadalupe con esperanza, a renovar nuestra voluntad de construir
una sociedad mexicana más solidaria y una Iglesia más misionera",
dijeron. En ese mismo sentido, el documento destaca la necesidad de alcanzar la
paz, la serenidad y el ánimo "para superar las dificultades y para seguir
construyendo una sociedad más solidaria donde reinen la justicia, la verdad y
la fraternidad".
Contexto. Las desdichadas declaraciones de Schulenburg se hicieron públicas
en momentos en que al interior de la Iglesia en México se venía debatiendo
sobre su futuro como responsable de la Basílica de Guadalupe. El Abad, en
efecto, ha cumplido 80 años; sin embargo, se resiste a renunciar afirmando que
su cargo es vitalicio, al haber sido nombrado por el Papa Juan XXIII. Los más
destacados canonistas, sin embargo, observan que un abad no puede estar por
encima del Derecho Canónico que determina la renuncia de los obispos a los 75 años.
A la edad del Abad se suma el descontento general que existe en la Arquidiócesis
de México debido a que el Santuario, que recibe a millones de peregrinos al año,
no ayuda en nada al sostenimiento de las obras pastorales y sociales de la
Iglesia local.Respaldo. Los obispos mexicanos, en este sentido, no sólo
han señalado respecto de Schulenburg que "este no es un momento de
desconcierto, sino de buscar la unidad, no sólo religiosa sino política y económica
en el país"; sino que han declarado, a través del Secretario General,
Mons. Ramón Godínez, que apoyarán cualquier decisión que respecto del Abad
tome el Arzobispo de Ciudad de México, Mons. Norberto Rivera. Por su parte, el
Primado mexicano ha sostenido que se están realizando "las consultas
pertinentes" para determinar con precisión el estatus jurídico del Abad.
Esperando octubre. Fuentes bien informadas revelaron que, a consecuencia
de la fuerte presión popular, el Abad estaría dispuesto a renunciar por propia
voluntad antes de forzar una intervención definitiva del Arzobispo, tras un
previsible respaldo vaticano. Según las fuentes, Schulenburg renunciaría en
cualquier momento a partir de octubre, después que pase el temporal suscitado
por sus declaraciones
Excelsior:
"¡Que se callen
todos!", fue la reacción del cardenal Ernesto Corripio Ahumada en tobao
del escándalo Schulenburg-Rivera Carrera, por las apariciones de la Virgen de
Guadalupe al beato Juan Diego.
El purpurado aceptó que en sus décadas
de relación con Schulenburg se presentaron "situaciones muy
particulares" pero declinó opinar si éste es el momento para que se
retire el abad, porque "eso le corresponde al que lo puso y al que lo debe
quitar", en referencia directa al Papa y al arzobispo Norberto Rivera
Carrera.
Corripio Ahumada fue entrevistado
al participar en el Tercer Encuentro Internacional " La Dignidad de la
Familia y la Vida en la Política y la Legislación de América ", donde el
presidente del Pontificio Consejo para la Familia en la Santa Sede, cardenal
Alfonso López Trujillo, al abrir los trabajos lanzó también sus indirectas:
"Si vamos a hablar del
Santuario de la familia -asentó- qué mejor que decirlo cerca del Santuario de
Guadalupe, que tiene una fuerza contundente aún para los más incrédulos".
Aquí, el arzobispo primado de México
se negó a abordar la situación del abad Schulenburg, pero extraoficialmente en
los círculos eclesiásticos trascendió que el clérigo presentó su dimisión
el pasado sábado primero de junio; es decir, 24 horas antes de que se suscitara
la confrontación de creencias en pleno Altar Mayor de la Basílica con el
arzobispo Norberto Rivera.
En este mismo marco se aseguró
que Rivera espera un clima de menor escándalo para dar a conocer la dimisión
del abad.
Para Corripio Ahumada, las
aseveraciones del abad, lejos de debilitar a la Iglesia la fortaleceimporque
obligan a los católicos a investigar más acerca de los dogmas y a afianzar su
amor y devoción a la Virgen de Guadalupe.
El ex arzobispo primado de México,
vivió durante su gobierno eclesiástico al frente de la arquidiócesis más
grande del mundo -hace ocho años- el mismo conflicto por la disputa en el
control de la Basílica de Guadalupe y por las divergencias de creencias con
Guillermo Schulenburg, respecto del milagro aparicionista ante Juan Diego, sin
haberlo resuelto durante su periodo.
A un año de su retiro como
arzobispo, Corripio Ahumada, cardenal aún en activo y jerarca a quien los
representantes de la Santa Sede congregados aquí, dieron un trato suave,
afectuoso y de deferencias, rompe su silencio y plantea una petición:
"¡Que se callen todos! para
que ya no ataquen a la Iglesia; dejen a Schulenburg opinar como le parezca a él;
que cada uno procure basar sus creencias acerca de la verdad de este
asunto".
El arzobispo emérito que fungiera
como jefe político de la Iglesia sin reconocimiento jurídico, comentó por
primera vez para los medios de comunicación la entrevista publicada en Ixtus y
retomada en Italia por 30 Giorni en la que ubica a la Virgen de Guadalupe como
consecuencia del necesario sincretismo para que la doctrina católica pudiera
penetrar las conciencias indígenas del siglo XVI, donde califica también de fábula,
la historia de la tilma de Juan Diego.
"ES LIBRE DE OPINAR"
El cardenal Corripio calificó de
"muy especial", la manera de pensar de Schulenburg Prado srere las
apariciones, pero aclaró que es libre para opinar en relación a los hechos
guadalupanos, "son opiniones muy personales y muy propias de él",
resaltó.
El cardenal, sin embargo, evadió
cualquier comentario preciso. Vaguedad y prisa fueron los elementos que
caracterizaron sus respuestas, como siempre lo hace cuando las preguntas le
incomodan.
-¿Usted como arzobispo tuvo
muchos problemas en su relación con monseñor Schulenburg?, se le preguntó. A
ello repuso:
"Eso es otra cosa que ya
entra en las relaciones mucho muy particulares que le toca a uno vivirlas, pero
no voy a estar opinando sobre ellas".
-¿Usted se pronuncia por la
salida del abad de la Basílica?
"Precisamente ayer -indicó-,
me dijeron por teléfono que en el Canal 13 de televisión salió una noticia al
respecto; no había pasado ni una hora, cuando me volvieron a hablar para
decirme que había otra noticia contradiciendo la primera".
-¿Pero usted qué opina?
"No me toca a mí -respondió-
opinar si debe salir o no. Eso le corresponde a la instancia que lo puso o a la
que le toca dejarlo o quitarlo.
-Como mexicano, ¿qué opina?
"Como mexicano, soy amantísimo
de la Virgen de Guadalupe, desde que tengo recuerdo, desde muy chico".
-Sus diferencias con Schulenburg
fueron por las dudas del abad en el milagro guadalupano?
"Nosotros nos conocimos en
Roma, en el seminario y fuimos muy amigos".
Corripio dijo desconocer si
existen pugnas entre el arzobispo primado de México, Norberto Rivera, y el abad
Guillermo Schulenburg, porque "tendríamos que preguntárselo a
ellos".
El acto de la Iglesia se realizó
en un contexto de amplio lujo. Particulares y clérigos alquilaron todo el piso
cuarenta y dos del Hotel Presidente Intercontinental, incluida la suite
presidencial. En este dispendio el gobernador panista, Francisco Barrio
Terrazas, se atrevió a declarar que no tenía nada por opinar respecto a
Chiapas, porque esa entidad "está muy lejos de mi realidad".
CRONICA
Excelsior.
Mañana concluyen 30 años de administración
del abad Guillermo Schulenburg, al frente de la Basílica de Guadalupe. La
arquidiócesis señaló que será necesario "revitalizar" la
evangelización en ese centro mariano, "donde el problema no es
precisamente el comercio ambulante, sino la falta de atención al
peregrino". Este miércoles, el arzobispo primado presidirá una ceremonia
religiosa en el santuario para celebrar los 56 años de vida sacerdotal de monseñor
Schulenburg, y como despedida por su larga trayectoria en este templo. Este
cambio de administración es el primer paso de una nueva estructura pastoral,
con el nombramiento que hizo el arzobispo primado Norberto Rivera Carrera, del
obispo Francisco María Aguilera al frente de un equipo de sacerdotes que se
encargarán tanto de lo económico-administrativo, como de dar una mayor
asistencia espiritual a los fieles. El custodio del templo guadalupano será el
mismo arzobispo Rivera Carrera, quien delega algunas de sus funciones en
colaboradores. Uno de los cambios, incluye al sacerdote, Armando Colín Cruz,
como nuevo párroco de Guadalupe, con sede en el templo que se encuentra ahí
mismo y que es conocido como "el pocito". "El sacerdote se
distingue por una honestidad a toda prueba y una autenticidad de vida cristiana,
cualidades de mucha importancia en este centro mariano de tanta participación y
dinamismo", se indicó. Es doctor en Teología Bíblica y licenciado en
Sagrada Escritura; esta combinación es significativa. Así, todo el equipo que
participará en la nueva administración de la Basílica irá encaminada a
"servir a los sencillos", con el trabajo del pastoralista, la
creatividad del liturgo, el espíritu organizativo del canonista, la amplitud de
miras del administrador, el talento del animador y comunicador social; pero
sobre todo se requiere de "hombres de fe y generosidad sin límites para
servir a los sencillos", precisó la arquidiócesis. El arzobispo presidirá
la misa de este miércoles y con antelación avisó a los obispos, arzobispos y
cardenales del país que ahora él es el custodio de la guadalupana.
Extraoficialmente se supo que el cambio de administración fue posible después
de varios meses de análisis en el Vaticano donde se decidió si el abad
Guillermo Schulenburg debía regirse por los cánones anteriores al concilio del
Vaticano II, o por los reglamentos emanados de éste; ya que de ser así su
cargo no sería vitalicio, como él siempre argumentó. La Santa Sede se
pronunció a favor del nuevo arzobispo, y así el abad renunció. Después de la
ceremonia religiosa, un grupo de amigos del ahora abad emérito le ofrece una
comida de despedida en un hotel capitalino.
ZENIT DAILY DISPATCH:
Disclosures
from Commission Studying Historicity of Guadalupe Event
ROME, DEC 19 (ZENIT)
Due
to statements by Fr. William Schulenburg, former Abbot of the Basilica of
Guadalupe, denying the historicity of Juan Diego, the Indian who saw Our Lady of
Guadalupe, the Vatican has sponsored a detailed study, the results of which are
now avilable. Fr. Schulenburg stated that the canonization of Juan Diego would
be ridiculous as there is no proof of his existence.
This
statement, made on various occasions by the former Abbot, has been made for ages
by other personalities. On April 18, 1794, Spanish academic Juan Bautista Muñoz,
maintained for the first time that the Guadalupe event lacked historical basis.
If such claims are true, they would mean that on May 6, 1990, John Paul II
beatified a ghost, created by excitable Mexican religiosity, not to mention the
fact that the Guadalupe apparitions themselves would lose all credibility.
Professor
Fr. Fidel Gonzalez Fernandez, who teaches Church History at the Pontifical Urban
and Gregorian Universities, and is recognized as one of the leading experts in
the field, was named president of the Vatican Commission, which engaged some 30
researchers of various nationalities. The Commission made a decisive
contribution not only to justify Juan Diego’s historicity, but also to shed
new light on Mexico’s history. Fr. Gonzalez discussed the results of this work
during an extraordinary congress held in the Vatican Congregation for the Causes
of Saints on October 28, 1998, obtaining positive success in resolving the
doubts presented by the historical dimension.
Perhaps
one of the most original works of Fr. Gonzalez, who was assisted in his research
by other members of the Commission, such as Eduardo Chavez Sanchez and Jose Luis
Guerrero Rosado (Cf. "The Meeting of the Virgin of Guadalupe and Juan
Diego," Editorial Porrua, Mexico, 1999, pp. 564) is the presentation of 27
Guadalupe Indian documents and testimonies and 8 of mixed Spanish-Indian origin.
Outstanding among them is "El Nican Mopohua" and the so-called
"Escalada" Manuscript.
"El
Nican Mopohua," written by Indian Antonio Valeriano, is a singular
testimony of the process of transculturation of Christianity in New Spain.
However, the question regarding the historicity of its content and the degree of
literary embellishment or cultural background, continues to be vehemently
debated. Each word of the 218 verses of "Nican Mopohua" has meaning
within the Nahuas philosophy and mythology as well as in Christian philosophy.
Being a literary text, it has no historical value; however, it offers the
testimony of the Indian cosmovision of the time, something far more important
for that culture than a dated chronicle would have been.
Moreover,
its author—an Indian of the pure Tecpaneca race—was a witness, as he lived
between 1520 and 1606. Historians assert that he was a nephew of emperor
Montezuma. In 1533, at 13 years of age, which testifies to the impressive work
carried out by the missionaries, this Indian already began studies at the Holy
Cross School of Tlatelolco, founded by Bishop Juan de Zumarraga. He was,
therefore, one of the first Indians to speak Latin and governor of Azcapotzalco
for 35 years. He was 11 years old in 1531, the year of the apparitions, and 28
in 1548, when Juan Diego died.
The
"Escalada" Manuscript, signed by Indian Antonio Valeriano and Spanish
Friar Bernardino de Sahagun, which has been recently discovered, is a direct
testimony of Juan Diego’s historicity, as it has a type "death
certificate" of the Indian.
Given
that historical documents related to the 20 years that followed the Guadalupe
apparitions have not been found to date, those who are opposed say that this
documentary "silence" is proof that they did not exist. What is
forgotten, however, is that many Indian sources were destroyed, as two
indisputable authorities of earliest times—Friar Bernardino de Sahagun and
Geronimo de Mendieta declare. Moreover, one must not ignore other historical
facts like the fire of the Mexico City Archives in 1692 and the so-called
"paper crisis" that overwhelmed New Spain for a long time and made
necessary—as normal procedure, the recycling of used paper, including of
documents in archives, for new purposes either in business or writing.
Unanswered
Questions
Opponents
of the apparitions, however, cannot explain with historical elements some
decisive aspects of Mexican history without keeping in mind the miracle of
Guadalupe. As, for example, the time when after a dramatic conquest and three
painful divisions and clashes in the heart of the Nahuatl political realm, a
hermitage was built immediately, dedicated to the Virgin Mary under the title
Guadalupe on the hill of Tepeyac, a significant location of the Indian world.
Nor
do they explain how Guadalupe became a sign of a new religious history and a
crossroads between two worlds which, until that moment, were in dramatic
opposition.
The historicity of the Blessed has been so well established
that Fr. Fidel Gonzalez, the president of the Commission established by the
Roman Congregation for the Causes of Saints, is studying Juan Diego’s social
origins. It is not known whether he was a noble or "poor" Indian. This
confusion is caused by the Spanish translations of "Nican Mopohua."
There are many other historical
proofs of Juan Diego’s existence as, for example, the oral tradition, decisive
source in studying Mexican peoples, whose culture is primarily oral. This
tradition, in such cases tends to follow well established rules and, in the case
of Guadalupe, it always confirms the historical and spiritual figure of Juan
Diego
BASILICA: TEOLOGIA Y ADMINISTRACION
El conflicto que
enfrenta el abad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg, con la
jerarquía eclesiástica, tiene dos vertientes claramente diferenciadas: por un
lado, el escepticismo del funcionario religioso ante la existencia histórica de
Juan Diego y los milagros guadalupanos, es una cuestión de fe, un tema teológico
que, si bien toca un núcleo especialmente sensible del culto mayoritario en el
país, debe ser resuelto por las instancias católicas correspondientes, en México
y en Roma.
El otro aspecto
del problema es mucho más terrenal: se refiere al desempeño del religioso como
administrador del templo católico más importante del país.
Es razonable
suponer que en ambos terrenos esté dirimiéndose, además, una pugna por
posiciones de poder dentro de la estructura de la Iglesia católica, pero el
proverbial hermetismo en el que se resuelven estas pugnas hace por demás
improbable que la opinión pública llegue a enterarse de la composición de los
bandos, sus posturas, propósitos y motivaciones.
Al margen de los
asuntos internos de la Iglesia, la disputa por la Basílica, y especialmente las
acusaciones del sacerdote Antonio Roqueñí Ornelas sobre presuntos malos
manejos por parte de Schulenburg, debiera dar pie a un ejercicio de
transparencia contable y financiera ;jamás realizado hasta ahora; de la Iglesia
católica.
Es evidente que
la Basílica de Guadalupe, al igual que el resto de los templos, católicos y de
otras religiones, no pueden ser sino propiedad de la nación. Pero, a diferencia
de lo que ocurre con la administración de otros bienes nacionales, los sitios
religiosos son administrados sin que las cuentas respectivas sean públicamente
conocidas.
El nuevo estatuto
nacional de las iglesias, formulado durante el gobierno anterior, dejó lagunas
legales y ambigedades en estos puntos. Ello no debe ser obstáculo, sin embargo,
para que se avance en la transparencia administrativa por parte de todos los
credos.
Ello no implicaría de ningún modo una actitud escéptica hacia las religiones y sus ministros, sino que sería una mera consecuencia lógica de la evolución social que ha vivido el país y que ha generado actitudes cívicas y participativas a las cuales el ámbito religioso no puede permanecer ajeno.
La Jornada 7 de septiembre de 1996
DIMITIÓ SCHULENBURG
Guillermo Schulenburg, abad de la Basílica
de Guadalupe, anunció ayer que abandonará el cargo el 31 de octubre próximo,
convirtiéndose en el último hombre que ocupará ese puesto desde 1751.
Responsable durante 33 años del principal santuario mariano de América,
encargado de la construcción del nuevo recinto guadalupano y centro de la polémica
en torno a la existencia histórica del indio Juan Diego, Schulenburg se retirará
--dijo-- a escribir sus memorias.
A la par del anuncio, el arzobispo primado de
México, Norberto Rivera Carrera, informó a través de un comunicado de prensa,
que el 25 de julio pasado aceptó formalmente la renuncia de Guillermo
Schulenburg Prado a su cargo vitalicio y le ofreció ocupar la abadía emérita
de la Basílica de Guadalupe.
"Y le pedí por favor diera a conocer
esta renuncia y su aceptación, al venerable cabildo de Guadalupe y a todo el
pueblo de Dios, hoy viernes 6 de septiembre. La Santa Sede ha sido informada
oportunamente de todo el procedimiento y ha mostrado su beneplácito'', señala
el mensaje del arzobispo.
De tal forma, Norberto Rivera asumirá a
finales de octubre la administración del santuario y del cabildo. Y mientras se
designa al nuevo rector --porque desde ahora desaparece la figura del abad-- las
actividades de acción pastoral en el recinto guadalupano recaerán en un equipo
sacerdotal encabezado por el obispo auxiliar de México, Francisco María
Aguilera.
Cabe resaltar que ese grupo de religiosos,
nombrado por el arzobispo primado de México, ya trabajaba desde hace dos
semanas en la abadía apoyando a Guillermo Schulenburg.
Un cambio anunciado
El cambio de funciones ya estaba previsto
desde hace 13 años, cuando en 1983 el Vaticano publicó la tercera edición del
Código de Derecho Canónico, donde desaparece la figura del abad para
sustituirla por la de rector o capellán, por lo que el nuevo encargado de la
Basílica de Guadalupe trabajará rodeado de un equipo sacerdotal que será
elegido por el cabildo guadalupano.
Mientras tanto el rector, que antes era
nombrado directamente por el Papa, ahora será designado directamente por el
arzobispo Norberto Rivera Carrera, con autorización del cabildo.
El secretario adjunto de la Conferencia del
Episcopado Mexicano (CEM), Jesús Navarrete Ruiz, explicó que la elaboración
de los estatutos para designar al rector y reorganizar las funciones
administrativas en la Basílica de Guadalupe tardarán cerca de un año.
Dichos ordenamientos fijarán periodos de
gestión para cada uno de los rectores que sean escogidos por el arzobispo
primado de México, establecerán un perfil humano acorde con las exigencias
pastorales del santuario mariano y enunciarán los lineamientos para la operación
del grupo de asesores que trabajará al lado del nuevo capellán de la Basílica.
Una vez elaborados los estatutos tocará a la
CEM, y en último término al papa Juan Pablo II, revisar su contenido y en su
caso aprobarlos para que se proceda a nombrar al primer rector en la historia
del recinto mariano.
Nadie pidió mi renuncia; fue decisión
espontánea, dice el abad
Al dar a conocer su renuncia, leída en la
homilía de las nueve de la mañana en la Basílica de Guadalupe, Schulenburg
Prado aclaró que su decisión ``espontánea'' obedece a que cumplió 80 años.
El abad dijo a sus feligreses que ya
transmitió los motivos de su retiro al papa Juan Pablo II, y que éste los
aceptó.
Más tarde, en su oficina, dio su versión a
los reporteros:
--¿Tuvo que ver su renuncia con las polémicas
en torno a su persona?
--Nada, nada.
--¿A qué se refiere con una renuncia espontánea?
--Es espontánea porque ha dependido
totalmente de mí. Nadie me ha pedido mi renuncia al cargo.
"Yo creo conveniente que a estas alturas
de mi vida pueda dedicar una parte de mi actividad a algo muy personal, como por
ejemplo a escribir mis memorias de todo lo que he vivido en este santuario... No
somos eternos en ninguno de los cargos, no tiene sentido''.
--¿A qué se va a dedicar ahora?
--En una carta que me dirige el arzobispo
primado de México, me pide que siga colaborando en cosas muy importantes y de
mucha trascendencia; vamos a ver si tengo tiempo, disponibilidad, y lo haré con
gusto.
--¿Deja finanzas sanas?
--Sí... --cortó y dio por terminada la
reunión con los reporteros.
La polémica por Juan Diego
La renuncia del abad Guillermo Schulenburg
resulta una culminación del escándalo suscitado por sus declaraciones que ponían
en duda el milagro de la aparición de la Virgen de Guadalupe en el Cerrro del
Tepeyac y la existencia histórica del indio Juan Diego.
También, su salida de la abadía de la Basílica
de Guadalupe surgió por las notables diferencias que tuvo con el arzobispo
primado de México.
Trascurrieron tres meses desde que las
declaraciones de Schulenburg Prado aparecidas en la revista italiana 30
Giorni, fueron conocidas en el Vaticano por el papa Juan Pablo II y la cúpula
eclesiástica de México.
Desde entonces, el abad guadalupano fue
llamado por el arzobispo Norberto Rivera Carrera para platicar sobre el futuro
del manejo de la Basílica de Guadalupe y de su renuncia al cargo que ostentará
hasta el día 31 de octubre próximo.
Varias voces pedían su retiro
La polémica en torno a las opiniones de
Schulenburg se da luego de que varias voces de la Iglesia católica insistieron
en su retiro, ya que en mayo el abad cumpliría los 80 años, y el reformado Código
de Derecho Canónico fijó los 75 años como límite de edad para ejercer
cualquier función eclesiástica, pero no toma en cuenta la figura del abad.
Schulenburg siempre argumentó que su
nombramiento fue concedido por el papa Juan XXIII como vitalicio y ocurrió 20 años
antes de que se reformara el ordenamiento de la Iglesia católica. (Claudia
Herrera Beltrán y Roberto Garduño)
La renuncia del abad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg, fue
considerada por la jerarquía eclesiástica como "algo necesario y
urgente'' que viene a poner fin a una situación de polémica que hacía
indispensable su remoción.
Reunidos en la capital jalisciense para
participar en el Primer Congreso de Ex Alumnos del Seminario de Guadalajara, el
cardenal Juan Sandoval Iñiguez, los arzobispos Carlos Quintero Arce y los
obispos José Guadalupe Martín Rábago, Jacinto Guerrero, Felipe Aguirre, Ramón
Godínez Flores y Javier Navarro, señalaron, aunque con diversos matices:
"El tiempo del abad se había agotado, debía renunciar''.
Cabe destacar que ninguno de ellos se mostró
sorprendido por la noticia, ni expresaron argumentos en favor del trabajo de
Schulenburg, quien estuvo al frente de la Basílica durante 33 años. Incluso, a
pregunta expresa sobre si había algo qué agradecerle al abad, el arzobispo y
cardenal anfitrión, Juan Sandoval Iñiguez, respondió: " Eso pregúnteselo
al pueblo, a ver qué dice ''.
En tanto, el presidente de la Comisión
Episcopal para la Doctrina de la Fe y miembro del Consejo de Presidencia del
Episcopado, José Guadalupe Martín Rábago, señaló que con esta renuncia
termina un periodo que, por lo menos en los últimos tiempos, fue "muy difícil''.
Hubo polémica y la figura de Schulenburg
quedó muy contrastada y a veces discutida. "Creo que en ese sentido, sea
culpable o no del todo a causa de lo que había pasado, se le complicaba el
ejercicio de su cargo. Y, en ese sentido, el arzobispo (Norberto Rivera) tendrá
ahora libertad para designar a otra persona en ese santuario, que es el más
importante de México.
Por su parte, Sandoval advirtió: "Todo
el que maneja dinero ajeno debe rendir cuentas y ese dinero es de la Iglesia, es
del pueblo de Dios. El (Schulenburg) es el encargado, no es el dueño''.
A este respecto, Martín Rábago dijo que
todo lo que sirva para que se tenga claridad en el manejo de los fondos (de la
Iglesia) será bienvenido.
Recordó que dentro de la legislación eclesiástica
hay una norma jurídica por la cual a los 75 años de edad las personas que
ejercen responsabilidades deben presentar su renuncia. "Diríamos más bien
que al abad se le pasaron cinco años. Entonces, llegó el momento en que cronológicamente
debía hacerlo''.
Además, adujo que su presencia en ese
santuario "hacía pensable, yo diría hasta conveniente, la remoción para
que hubiera otra persona que con más neutralidad, con más capacidad de
acercamiento, pudiera continuar su trabajo al frente de la Basílica''.
El abad se quedó solo
Aun cuando en el pasado Schulenburg fue
respaldado por el nuncio apostólico, Girolamo Prigione, en su proyecto de
convertir a la Basílica de Guadalupe en una diócesis independiente, en la
actualidad el abad se encuentra aislado y sin el apoyo episcopal.
La llegada de Norberto Rivera Carrera a la
Arquidiócesis de México, la más grande y populosa del mundo católico, contó
desde el principio con el apoyo y amistad de su antecesor, el cardenal Ernesto
Corripio Ahumada.
Esto marcó el inicio de la caída definitiva
del abad. Según el vicepresidente del Centro de Estudios de las Religiones en México,
Bernardo Barranco, "la renuncia fortalece al joven arzobispo, que cuenta
con el apoyo del Vaticano y de los obispos de su generación''.
El especialista consideró que la renuncia se
prolongó innecesariamente debido al "aferramiento'' del abad, lo cual se
tornó en una lucha "sórdida y subterránea'' entre Rivera Carrera y
Schulenburg.
El origen de la renuncia
Las dudas que expresara Guillermo Schulenburg
--en mayo pasado-- en torno al milagro guadalupano reavivaron el encono al
interior de la jerarquía católica por el manejo de los recursos y la
administración del principal santuario mariano. Y también trastocaron la
influencia religiosa que en millones de peregrinos tiene la imagen de la Virgen
de Guadalupe.
Schulenburg se echó a cuestas la lápida de
su carrera eclesiástica cuando declaró a la revista italiana 30 Giorni,
que la existencia de Juan Diego era "un símbolo y no una realidad'', y encendió
los ánimos de la cúpula religiosa cuando aseguró que la imagen de la Virgen
de Guadalupe era "producto de una mano indígena y no de un milagro''.
El arzobispo primado de México, Norberto
Rivera Carrera, quien de antemano criticó el manejo administrativo de la Basílica
de Guadalupe, ofreció días después de que se desatara el escándalo una homilía
en el recinto mariano, donde aseguró que el pueblo de México se había
``inquietado'' por la versión del abad:
"Gracias, porque estos acontecimientos
han desenmascarado a aquéllos que quisieran vernos divididos, sin fe y sin
esperanza, sin símbolos patrios y en camino de absorción por otras culturas y
otros poderes''.
A esa línea siguió una declaración de la
Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) reivindicando a Juan Diego como figura
inseparable del milagro guadalupano. Con dureza, el documento --firmado por el
presidente de la CEM, Sergio Obeso, Norberto Rivera y otros cuatro obispos--
lanzó un llamado a no permitir que "las falsedades o dudas nos dividan o
debiliten nuestra fe en la Virgen de Guadalupe''.
Pero, desde antes, importantes sectores de la
dirigencia episcopal cuestionaban el manejo de los recursos que obtenía la Basílica
de Guadalupe. Guillermo Schulenburg argumentaba no tener posibilidad de manejar
con libertad el dinero que ingresa al recinto religioso.
Mario Angel Ramos, vicerrector del Seminario
Conciliar de México, reconocía entonces que efectivamente existían
diferencias entre el arzobispo Rivera Carrera y el abad Schulenburg en torno a
la organización y administración del santuario.
El religioso aseguraba que el 70 por ciento
de los ingresos de la Basílica se destinan a "los gastos tremendos de
mantenimiento y pago de nóminas'' para aproximadamente 150 trabajadores.
Otras erogaciones, añadía Ramos, se
destinaban al sostenimiento de la Casa del Peregrino, dos casas sacerdotales,
una escuela de infantes, dos asilos y diversas obras de caridad
.
En 1929, Alfonso Marcué, quien era
el fotógrafo oficial de la antigua Basílica de Guadalupe en la ciudad de México,
descubrió lo que parecía una clara imagen de un hombre con barba reflejada en
el ojo derecho de la Virgen. Al principio no podía dar crédito a lo que estaba
viendo: cómo podía ser?, Un hombre con barba dentro de los ojos de la Virgen
de Guadalupe?. Pero luego de varias inspecciones de sus fotografías en blanco y
negro de la imagen ya no tuvo mas dudas y decidió que era tiempo de informar a
las autoridades de la Basílica. Así lo hizo, y le fué indicado por estas que
se guardara completo silencio sobre el descubrimiento, lo que Marcué cumplió
al pie de la letra.
Mas de 20 años después, el 29 de mayo
de 1951, el dibujante mexicano José Carlos Salinas Chávez, luego de examinar
una buena fotografía de la cara de la imagen, redescubre la imagen de lo que
parece ser un busto humano reflejado en el ojo derecho de la Virgen, y luego
también en el ojo izquierdo.
Las anteriores son declaraciones, y
extractos de reportajes, sobre el Abad Guillermo Schulenburg.
Relativos a la historicidad de Juan Diego,
y la virgen de Guadalupe.
Y estudios elaborados en la tilma de Juan Diego.
Mis Comentarios: pendiente
Recopilación de: Raúl Cadena Cepeda.